Ejercicio
Moverse durante y después del tratamiento
Cómo combinar actividad aeróbica, fuerza, equilibrio y movilidad de forma progresiva, adaptándolas al tratamiento y a los riesgos de cada persona.
El ejercicio también forma parte del cuidado
Durante y después del tratamiento, mantenerse activo puede ayudar a reducir la fatiga, conservar la fuerza y la capacidad física, mejorar el estado de ánimo y facilitar las actividades cotidianas. No sustituye al tratamiento oncológico ni existe una rutina capaz de curar el cáncer, pero puede ser una parte útil del cuidado.
El reposo completo rara vez es la mejor respuesta a la fatiga relacionada con el cáncer. A menudo conviene alternar actividad y descanso, ajustando el esfuerzo a cómo te encuentras cada día. Incluso pequeñas cantidades de movimiento pueden tener valor cuando todavía no es posible alcanzar una recomendación general.
Actividad física y ejercicio no son exactamente lo mismo
La actividad física incluye cualquier movimiento que aumente el gasto de energía: caminar para hacer un recado, subir escaleras, jugar con los hijos o realizar tareas domésticas. El ejercicio es una actividad planificada con una duración, una intensidad y un objetivo concretos.
Ambas cuentan. Reducir el tiempo sentado puede ser el primer paso; después se puede construir un programa que combine resistencia aeróbica, fuerza, equilibrio y movilidad.
El punto de partida es individual
No existe una única rutina válida para todas las personas con cáncer. Antes de avanzar conviene tener en cuenta:
- La actividad que realizabas antes del diagnóstico.
- El tipo de tumor, su extensión y los tratamientos recibidos o previstos.
- La cirugía reciente, las heridas, los drenajes o las limitaciones de movilidad.
- La fatiga, el dolor, la anemia, la neuropatía, el riesgo de caídas y la salud ósea.
- La función cardiaca y respiratoria y otras enfermedades relevantes.
- Los objetivos personales: caminar con menos cansancio, subir escaleras, conservar autonomía o volver a una actividad concreta.
La meta no debe compararse con lo que hace otra persona, sino con tu propio punto de partida.
¿Cuánta actividad se recomienda?
Como objetivo general, y cuando la situación lo permite, se propone avanzar progresivamente hacia 150–300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o 75–150 minutos de actividad vigorosa, junto con ejercicios de fuerza al menos dos días por semana.
Estas cifras son un destino, no una condición para empezar ni un examen que haya que aprobar. Durante un tratamiento puede ser más realista caminar unos minutos, interrumpir periodos largos sentado o completar una sesión corta de fuerza. La regularidad suele importar más que una sesión aislada muy exigente.
Una forma sencilla de reconocer la intensidad
No siempre hace falta controlar el pulso:
- Intensidad ligera: puedes hablar y cantar con facilidad.
- Intensidad moderada: puedes hablar, pero cantar resulta difícil.
- Intensidad vigorosa: solo puedes decir unas pocas palabras antes de tomar aire.
Durante el tratamiento, muchas personas comienzan con intensidad ligera o moderada. El esfuerzo adecuado debe permitir recuperarse y no empeorar de forma mantenida los síntomas.
Un programa completo combina cuatro elementos
- Actividad aeróbica: caminar, bicicleta estática, nadar o bailar, según la seguridad y las preferencias. Ayuda a mantener la resistencia y la capacidad cardiorrespiratoria.
- Fuerza: levantarse de una silla, trabajar con bandas elásticas, máquinas o cargas adaptadas. Es importante para conservar músculo, función y autonomía.
- Equilibrio: ejercicios cerca de un apoyo estable, especialmente si existe neuropatía, debilidad, edad avanzada o antecedentes de caídas.
- Movilidad y flexibilidad: movimientos suaves para conservar el rango articular, especialmente después de una cirugía o radioterapia, respetando las restricciones indicadas.
No es necesario hacer los cuatro componentes el mismo día.
Un comienzo posible
Si tu equipo no ha indicado restricciones y llevas tiempo inactivo, una primera semana podría consistir en:
- Levantarte y moverte unos minutos cada 30–60 minutos de sedestación prolongada.
- Caminar entre 5 y 10 minutos una o dos veces al día, a un ritmo cómodo.
- Realizar dos días de ejercicios básicos de fuerza, con movimientos controlados y una carga ligera.
- Reservar días de recuperación y reducir la sesión si los síntomas aumentan.
Después puede aumentarse primero la frecuencia o la duración y, más adelante, la intensidad. No conviene aumentar todo al mismo tiempo.
Adaptar el ejercicio a los efectos del tratamiento
La pauta puede necesitar cambios temporales:
- Fatiga: prueba sesiones cortas y frecuentes en el momento del día con más energía. Si al día siguiente estás claramente peor, reduce la carga.
- Neuropatía o inestabilidad: prioriza bicicleta estática, ejercicios sentados o con apoyo y evita superficies irregulares hasta valorar el riesgo de caída.
- Linfedema o riesgo de desarrollarlo: el ejercicio de fuerza no está prohibido de forma general. Debe comenzar con poca carga, progresar lentamente y vigilar pesadez, dolor o aumento persistente del volumen.
- Cirugía reciente: respeta las restricciones sobre cargas, movilidad, heridas y drenajes. La progresión debe coordinarse con cirugía o fisioterapia.
- Radioterapia: adapta la ropa, el roce y la actividad si la piel está irritada, y ajusta el esfuerzo según la zona tratada y la fatiga.
- Anemia marcada o sintomática: evita esfuerzos intensos y solicita orientación antes de progresar.
- Defensas o plaquetas bajas: el equipo puede aconsejar evitar gimnasios concurridos, deportes de contacto, impactos o actividades con riesgo de caída durante determinados periodos.
Situaciones que requieren una valoración más específica
Consulta antes de iniciar o intensificar el programa si existen metástasis óseas, osteoporosis importante, dolor óseo nuevo, alteraciones neurológicas, riesgo elevado de caídas, enfermedad cardiaca o pulmonar, una cirugía reciente o limitaciones funcionales relevantes.
Tener metástasis óseas no significa necesariamente que debas permanecer inactivo. El ejercicio puede seguir siendo útil, pero requiere conocer la localización y el riesgo de fractura para evitar impactos, torsiones o cargas inadecuadas sobre la zona afectada.
En enfermedad avanzada también pueden plantearse objetivos valiosos: caminar con menos ayuda, conservar fuerza para levantarse, reducir el tiempo en cama o mantener actividades importantes para la persona. La supervisión suele ser especialmente útil.
Cuándo parar y pedir ayuda
Interrumpe el ejercicio y consulta si aparece:
- Dolor u opresión en el pecho, falta de aire intensa o desproporcionada, desmayo o palpitaciones nuevas.
- Debilidad repentina, pérdida de sensibilidad, dificultad nueva para caminar o un dolor óseo súbito e intenso.
- Fiebre, escalofríos, infección aguda, vómitos persistentes o signos de deshidratación.
- Sangrado inesperado, una caída o una lesión.
- Dolor, hinchazón o enrojecimiento reciente de una extremidad.
Ante dolor torácico, dificultad respiratoria grave, desmayo o síntomas neurológicos súbitos, solicita atención urgente.
¿Quién puede ayudarte a adaptarlo?
Cuando existen riesgos o limitaciones, lo ideal es contar con un profesional sanitario o del ejercicio con formación específica en oncología, coordinado con el equipo tratante. Puede valorar fuerza, capacidad aeróbica, equilibrio, movilidad y objetivos funcionales, y ajustar la progresión.
Una buena pauta no es la más dura, sino la que resulta segura, útil y sostenible.
Preguntas útiles para la consulta
- ¿Tengo alguna restricción por el tumor, la cirugía o el tratamiento?
- ¿Necesito una valoración antes de comenzar?
- ¿Qué tipo de ejercicio me conviene priorizar ahora?
- ¿Cómo debo adaptar la actividad los días de tratamiento?
- ¿Qué síntomas indican que debo reducir, parar o avisar?
- ¿Puedo realizar ejercicios de fuerza con seguridad?
- ¿Existe algún programa de ejercicio oncológico o fisioterapia al que pueda derivarme?
- ¿Cómo sabremos si estoy progresando adecuadamente?
Fuentes para ampliar
- Guía de ASCO sobre ejercicio durante el tratamiento oncológico
- Consenso internacional de ejercicio para supervivientes de cáncer
- Posicionamiento de SEOM sobre ejercicio y cáncer
- Actividad física cuando se tiene cáncer — American Cancer Society
- Fatiga relacionada con el cáncer — National Cancer Institute
Este contenido ayuda a comprender y preparar preguntas. No sustituye una valoración médica individual.